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August 29, 2017

¡A 13 años de la llegada Mary Poppins!

 

Un día como hoy pero de 1964 se estrenó la inolvidable película de Mary Poppins, pero pocos saben la verdadera historia detrás de la famosa niñera voladora de Londres.

 

Pamela Lyndon Travers, en 1934 conoce el éxito después de que su primer libro que contaba la historia de la niñera, se convirtiera en el best seller de la época. Todos coinciden en que P. L. Travers, la autora de la saga Mary Poppins, fue una mujer malhumorada, fácilmente irritable, egoísta e incluso cruel. Se ganó este último calificativo cuando Camillus, su hijo adoptivo, decidió contarle la verdad a un prestigioso periódico inglés: que cuando Pamela había decidido adoptar, acudió a una pareja de abuelos que estaban a cargo de seis pequeños nietos, dos de ellos gemelos. La escritora decidió llevarse a uno de ellos –después de consultar a una astróloga, quien le dijo que este era el menos problemas le iba a dar en el futuro-, ignorando las súplicas de los ancianos para que no los separara. Y eso no es todo: Camillus dedicó tiempo y esfuerzo para encontrar a Anthony, su hermano gemelo, y lo llevó a casa. Cuando Pamela los vio, en lugar de alegrarse, tuvo un patético episodio de furia y le prohibió a Anthony regresar. ¿El final de la historia? Camillus vivió en adelante la existencia triste de un hombre atrapado por el alcohol y la decepción.

 

Con esta mujer tuvo que hacer negociaciones Walt Disney para convencerla de ceder los derechos del libro y autorizarlo a llevar a Poppins a la pantalla grande. El asunto terminó siendo una verdadera odisea; basta decir que le costó al magnate más de 20 años de esfuerzo y mucha paciencia para encarar a una Pamela terca y hosca que se negaba rotundamente a que su niñera “fuera vapuleada por Hollywood”. A principios de los cuarenta el señor Disney hizo los primeros intentos y la respuesta de la escritora fue un absoluto “no”. Todos los años, de ahí en adelante, la escena se repitió. Solo hasta 1961, cuando las ventas de sus libros comenzaron a bajar y el panorama económico se veía gris, P. L. Travers accedió a viajar a Los Ángeles para hablar en serio sobre el asunto e imponer sus condiciones (una de ellas, que Mary Poppins no fuera un dibujo animado sino interpretada por una actriz).

 

Fueron dos semanas en las que el empresario, armado de imaginativos guiones gráficos y alegres canciones lanzó una ofensiva impresionante contra una quisquillosa autora que no cedía. Algunas veces Walt Disney creyó que los derechos se le escapaban de las manos definitivamente, pero poco a poco logró romper el caparazón de Travers hasta que ella accedió. Pero también de ahí en adelante el camino fue tortuoso para los dos. Muchas veces el proyecto amenazó con irse a tierra, especialmente por las exigencias de la autora en todo el proceso de selección de actores, guión, música e incluso edición. Algunos biógrafos aseguran que cuando Pamela vio el resultado final –un musical donde se mezclan actores reales con escenas animadas- se mostró decepcionada y corrió a incluir en su testamento una cláusula que prohibía adaptar su obra literaria a ningún norteamericano. Otros aseguran que la relación con Walt Disney quedó rota para siempre.

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